En medio de la discusión sobre el cambio de hora en Chile, más de 70 organizaciones vinculadas a la salud han solicitado al Presidente José Antonio Kast suspender la modificación programada para el próximo sábado 5 de septiembre y avanzar hacia la eliminación definitiva de esta medida. La petición, encabezada por el presidente de la Red Nacional de Salud, doctor Patricio Mardónez, fue plasmada en una carta dirigida a La Moneda. En ella, las agrupaciones argumentan que la alternancia entre horario de invierno y verano podría tener consecuencias negativas para la salud de la población. No se puede seguir jugando con el reloj biológico de las personas como si se tratara de un simple ajuste administrativo, expresó Mardónez al fundamentar la solicitud. Esta no es la primera vez que se plantea esta preocupación. En años anteriores, Mardónez había solicitado al Gobierno suspender el cambio de hora y evaluar su continuidad. En esta ocasión, las organizaciones proponen dos medidas concretas: suspender inmediatamente el próximo cambio de hora y poner fin definitivamente a la modificación estacional de los relojes en Chile. La propuesta es establecer un huso horario único y permanente que considere los efectos del horario en la salud y el reloj biológico de las personas. La Red Nacional de Salud aboga por adoptar permanentemente el huso GMT-4 para reducir los impactos asociados a los cambios horarios. Entre las organizaciones adherentes se encuentran grupos relacionados con autismo, neurodivergencia, discapacidad, cuidadores y asociaciones de pacientes en distintas zonas del país. Uno de los principales argumentos presentados es la alteración del ciclo circadiano, que regula procesos como el sueño y la vigilia. Según los firmantes, modificar bruscamente los horarios puede generar problemas de adaptación, fatiga y alteraciones del sueño, especialmente en grupos vulnerables como adultos mayores y personas autistas. Además, se destaca la preocupación por la seguridad vial. Las organizaciones señalan que la fatiga y la alteración del sueño pueden afectar los tiempos de reacción y la atención después del cambio horario. Hasta el momento, el cambio de hora sigue programado para la noche del sábado 5 de septiembre. En gran parte de Chile continental, los relojes deberán adelantarse 60 minutos a las 24:00 horas del sábado para dar inicio al horario de verano UTC-3 el domingo 6 de septiembre. El ajuste no aplicará en Aysén ni en Magallanes y la Antártica Chilena, regiones que mantienen UTC-3 todo el año. En Rapa Nui e isla Salas y Gómez, el cambio se realizará a las 22:00 horas locales. Hasta ahora no hay información oficial sobre una posible suspensión del cambio programado para septiembre. La solicitud de las organizaciones queda pendiente de una respuesta por parte del Ejecutivo. Fuente: Publimetro
El próximo sábado 5 de septiembre, a las 23:59 horas, la mayor parte de Chile continental deberá adelantar sus relojes en 60 minutos para dar inicio al horario de verano (huso UTC-3), con excepción de las regiones de Aysén y Magallanes, que conservarán su régimen actual. Aunque la medida brindará tardes con mayor iluminación natural, implicará mañanas más oscuras, un factor determinante para el funcionamiento biológico del cuerpo humano. Desde la cronobiología, la falta de luz en las primeras horas de la jornada representa un desafío para el reloj circadiano, mecanismo interno encargado de coordinar los ciclos de vigilia y sueño, los niveles de alerta, la secreción de hormonas y el metabolismo general. Efectos inmediatos en el organismo y el descanso La transición artificial de horario suele generar desajustes durante los días posteriores. Debido a que las personas deben iniciar su jornada cuando el cuerpo aún se encuentra preparado para el reposo, es frecuente experimentar somnolencia diurna, fatiga, dificultades para conciliar el sueño y una disminución temporal del rendimiento físico y cognitivo. Asimismo, la literatura médica internacional ha registrado vínculos entre el inicio del horario de verano y un incremento transitorio en episodios cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y siniestros de tránsito. Al respecto, Luis Larrondo, director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio), explicó que nuestro organismo no se ajusta automáticamente porque movamos las manecillas del reloj. Al adelantar una hora nuestras actividades, especialmente cuando todavía hay poca luz en las mañanas, estamos obligando al cuerpo a funcionar en un momento en que biológicamente aún está programado para seguir durmiendo. Esa desincronización puede afectar el sueño, el estado de alerta y nuestro desempeño durante el día, advirtió el experto. Frente a las alteraciones recurrentes, el debate científico internacional plantea la necesidad de terminar con los cambios estacionales de hora y fijar de manera definitiva un horario estándar (equivalente al de invierno) . Recomendaciones para enfrentar el ajuste de septiembre Mientras se mantenga vigente el actual marco regulatorio, los especialistas sugieren aplicar una serie de hábitos preventivos para reducir el impacto fisiológico durante los primeros días: Mantener horarios regulares y estables de acostarse y levantarse. Evitar prolongar la vigilia de manera innecesaria durante la noche. Disminuir la exposición a pantallas y dispositivos electrónicos antes de dormir. Procurar recibir luz natural directa durante las primeras horas de la mañana. Pese a estas medidas paliativas, desde la comunidad científica reiteran que el problema de fondo reside en la política de modificación horaria periódica. Fuente: cooperativa.cl
Este sábado se concreto el cambio al horario de invierno, retrasando los relojes en una hora. Aunque para muchos adultos puede parecer un ajuste menor, en las familias con niños este tipo de modificaciones suele vivirse de forma distinta. En medio de rutinas escolares, horarios exigentes y cansancio acumulado, cualquier alteración puede impactar más de lo esperado en el día a día. En la infancia, los horarios no son solo organización: son parte de la estabilidad emocional. Dormir, comer y realizar actividades a horas predecibles ayuda a los niños a sentirse seguros y a regular mejor su energía y sus emociones. Por eso, cuando estos ritmos cambian, incluso levemente, el proceso de adaptación puede ser más desafiante.“ Los niños no siempre logran expresar que están cansados o desajustados. Muchas veces lo que aparece es irritabilidad, mayor sensibilidad o conductas que los adultos interpretan como ‘desobediencia’, cuando en realidad hay un malestar detrás ”, explica la Dra. Labbé, psiquiatra infanto juvenil y directora médica de Clínica MirAndes Manquehue. Durante los primeros días tras el cambio de hora, es esperable observar dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos o mayor somnolencia durante el día. A esto se pueden sumar cambios en el ánimo, como mayor frustración, llanto fácil o menor tolerancia a los cambios. “ También puede haber un impacto en la atención y en la capacidad de concentración, lo que a veces se traduce en un peor rendimiento escolar o mayor inquietud en clases, especialmente en los primeros días”, agrega la especialista. El impacto no es igual para todos. Niños más pequeños, aquellos con rutinas muy estructuradas o con dificultades previas de sueño pueden requerir más tiempo para adaptarse. Asimismo, en niños dentro del espectro autista, donde la predictibilidad es clave, estos cambios pueden generar mayor desregulación emocional o conductual. “ En estos casos, anticipar lo que va a pasar, explicar los cambios con tiempo y acompañar con mayor contención puede marcar una gran diferencia en cómo los niños enfrentan la transición ”, señala la Dra. Labbé. Frente a este escenario, los especialistas recomiendan facilitar la adaptación con medidas simples: mantener horarios consistentes, reducir la exposición a pantallas antes de dormir, y aprovechar la luz natural durante la mañana para ayudar a regular el ciclo de sueño. “ Más que hacer cambios bruscos, lo ideal es ajustar las rutinas de forma gradual y sostener hábitos que den seguridad. La repetición y la consistencia son clave para que los niños logren adaptarse ”, explica. Si bien la mayoría de los niños se ajusta en pocos días, es importante estar atentos a ciertas señales. Cuando las dificultades para dormir se prolongan, el cansancio es persistente o los cambios en el ánimo afectan el funcionamiento diario, puede ser necesario consultar. “ Un buen indicador es observar si el niño logra recuperar su energía y su ánimo habitual con el paso de los días. Si eso no ocurre, o si el malestar va en aumento, es importante pedir orientación profesional”, advierte la psiquiatra. En un escenario donde el descanso es fundamental para el desarrollo, este cambio de hora también puede ser una oportunidad para mirar las rutinas familiares con mayor atención. Acompañar, anticipar y ajustar las expectativas durante estos días puede ayudar a que la transición sea más amable, tanto para los niños como para sus cuidadores.
En medio de la discusión sobre el cambio de hora en Chile, más de 70 organizaciones vinculadas a la salud han solicitado al Presidente José Antonio Kast suspender la modificación programada para el próximo sábado 5 de septiembre y avanzar hacia la eliminación definitiva de esta medida. La petición, encabezada por el presidente de la Red Nacional de Salud, doctor Patricio Mardónez, fue plasmada en una carta dirigida a La Moneda. En ella, las agrupaciones argumentan que la alternancia entre horario de invierno y verano podría tener consecuencias negativas para la salud de la población. No se puede seguir jugando con el reloj biológico de las personas como si se tratara de un simple ajuste administrativo, expresó Mardónez al fundamentar la solicitud. Esta no es la primera vez que se plantea esta preocupación. En años anteriores, Mardónez había solicitado al Gobierno suspender el cambio de hora y evaluar su continuidad. En esta ocasión, las organizaciones proponen dos medidas concretas: suspender inmediatamente el próximo cambio de hora y poner fin definitivamente a la modificación estacional de los relojes en Chile. La propuesta es establecer un huso horario único y permanente que considere los efectos del horario en la salud y el reloj biológico de las personas. La Red Nacional de Salud aboga por adoptar permanentemente el huso GMT-4 para reducir los impactos asociados a los cambios horarios. Entre las organizaciones adherentes se encuentran grupos relacionados con autismo, neurodivergencia, discapacidad, cuidadores y asociaciones de pacientes en distintas zonas del país. Uno de los principales argumentos presentados es la alteración del ciclo circadiano, que regula procesos como el sueño y la vigilia. Según los firmantes, modificar bruscamente los horarios puede generar problemas de adaptación, fatiga y alteraciones del sueño, especialmente en grupos vulnerables como adultos mayores y personas autistas. Además, se destaca la preocupación por la seguridad vial. Las organizaciones señalan que la fatiga y la alteración del sueño pueden afectar los tiempos de reacción y la atención después del cambio horario. Hasta el momento, el cambio de hora sigue programado para la noche del sábado 5 de septiembre. En gran parte de Chile continental, los relojes deberán adelantarse 60 minutos a las 24:00 horas del sábado para dar inicio al horario de verano UTC-3 el domingo 6 de septiembre. El ajuste no aplicará en Aysén ni en Magallanes y la Antártica Chilena, regiones que mantienen UTC-3 todo el año. En Rapa Nui e isla Salas y Gómez, el cambio se realizará a las 22:00 horas locales. Hasta ahora no hay información oficial sobre una posible suspensión del cambio programado para septiembre. La solicitud de las organizaciones queda pendiente de una respuesta por parte del Ejecutivo. Fuente: Publimetro
El próximo sábado 5 de septiembre, a las 23:59 horas, la mayor parte de Chile continental deberá adelantar sus relojes en 60 minutos para dar inicio al horario de verano (huso UTC-3), con excepción de las regiones de Aysén y Magallanes, que conservarán su régimen actual. Aunque la medida brindará tardes con mayor iluminación natural, implicará mañanas más oscuras, un factor determinante para el funcionamiento biológico del cuerpo humano. Desde la cronobiología, la falta de luz en las primeras horas de la jornada representa un desafío para el reloj circadiano, mecanismo interno encargado de coordinar los ciclos de vigilia y sueño, los niveles de alerta, la secreción de hormonas y el metabolismo general. Efectos inmediatos en el organismo y el descanso La transición artificial de horario suele generar desajustes durante los días posteriores. Debido a que las personas deben iniciar su jornada cuando el cuerpo aún se encuentra preparado para el reposo, es frecuente experimentar somnolencia diurna, fatiga, dificultades para conciliar el sueño y una disminución temporal del rendimiento físico y cognitivo. Asimismo, la literatura médica internacional ha registrado vínculos entre el inicio del horario de verano y un incremento transitorio en episodios cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y siniestros de tránsito. Al respecto, Luis Larrondo, director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio), explicó que nuestro organismo no se ajusta automáticamente porque movamos las manecillas del reloj. Al adelantar una hora nuestras actividades, especialmente cuando todavía hay poca luz en las mañanas, estamos obligando al cuerpo a funcionar en un momento en que biológicamente aún está programado para seguir durmiendo. Esa desincronización puede afectar el sueño, el estado de alerta y nuestro desempeño durante el día, advirtió el experto. Frente a las alteraciones recurrentes, el debate científico internacional plantea la necesidad de terminar con los cambios estacionales de hora y fijar de manera definitiva un horario estándar (equivalente al de invierno) . Recomendaciones para enfrentar el ajuste de septiembre Mientras se mantenga vigente el actual marco regulatorio, los especialistas sugieren aplicar una serie de hábitos preventivos para reducir el impacto fisiológico durante los primeros días: Mantener horarios regulares y estables de acostarse y levantarse. Evitar prolongar la vigilia de manera innecesaria durante la noche. Disminuir la exposición a pantallas y dispositivos electrónicos antes de dormir. Procurar recibir luz natural directa durante las primeras horas de la mañana. Pese a estas medidas paliativas, desde la comunidad científica reiteran que el problema de fondo reside en la política de modificación horaria periódica. Fuente: cooperativa.cl
Este sábado se concreto el cambio al horario de invierno, retrasando los relojes en una hora. Aunque para muchos adultos puede parecer un ajuste menor, en las familias con niños este tipo de modificaciones suele vivirse de forma distinta. En medio de rutinas escolares, horarios exigentes y cansancio acumulado, cualquier alteración puede impactar más de lo esperado en el día a día. En la infancia, los horarios no son solo organización: son parte de la estabilidad emocional. Dormir, comer y realizar actividades a horas predecibles ayuda a los niños a sentirse seguros y a regular mejor su energía y sus emociones. Por eso, cuando estos ritmos cambian, incluso levemente, el proceso de adaptación puede ser más desafiante.“ Los niños no siempre logran expresar que están cansados o desajustados. Muchas veces lo que aparece es irritabilidad, mayor sensibilidad o conductas que los adultos interpretan como ‘desobediencia’, cuando en realidad hay un malestar detrás ”, explica la Dra. Labbé, psiquiatra infanto juvenil y directora médica de Clínica MirAndes Manquehue. Durante los primeros días tras el cambio de hora, es esperable observar dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos o mayor somnolencia durante el día. A esto se pueden sumar cambios en el ánimo, como mayor frustración, llanto fácil o menor tolerancia a los cambios. “ También puede haber un impacto en la atención y en la capacidad de concentración, lo que a veces se traduce en un peor rendimiento escolar o mayor inquietud en clases, especialmente en los primeros días”, agrega la especialista. El impacto no es igual para todos. Niños más pequeños, aquellos con rutinas muy estructuradas o con dificultades previas de sueño pueden requerir más tiempo para adaptarse. Asimismo, en niños dentro del espectro autista, donde la predictibilidad es clave, estos cambios pueden generar mayor desregulación emocional o conductual. “ En estos casos, anticipar lo que va a pasar, explicar los cambios con tiempo y acompañar con mayor contención puede marcar una gran diferencia en cómo los niños enfrentan la transición ”, señala la Dra. Labbé. Frente a este escenario, los especialistas recomiendan facilitar la adaptación con medidas simples: mantener horarios consistentes, reducir la exposición a pantallas antes de dormir, y aprovechar la luz natural durante la mañana para ayudar a regular el ciclo de sueño. “ Más que hacer cambios bruscos, lo ideal es ajustar las rutinas de forma gradual y sostener hábitos que den seguridad. La repetición y la consistencia son clave para que los niños logren adaptarse ”, explica. Si bien la mayoría de los niños se ajusta en pocos días, es importante estar atentos a ciertas señales. Cuando las dificultades para dormir se prolongan, el cansancio es persistente o los cambios en el ánimo afectan el funcionamiento diario, puede ser necesario consultar. “ Un buen indicador es observar si el niño logra recuperar su energía y su ánimo habitual con el paso de los días. Si eso no ocurre, o si el malestar va en aumento, es importante pedir orientación profesional”, advierte la psiquiatra. En un escenario donde el descanso es fundamental para el desarrollo, este cambio de hora también puede ser una oportunidad para mirar las rutinas familiares con mayor atención. Acompañar, anticipar y ajustar las expectativas durante estos días puede ayudar a que la transición sea más amable, tanto para los niños como para sus cuidadores.