En muchos hogares hay celulares antiguos, cargadores incompatibles, cables enredados y otros dispositivos que ya no se utilizan. Aunque parezcan objetos sin valor, estos aparatos contienen materiales que pueden recuperarse y componentes que necesitan un manejo especial. Por eso, antes de dejarlos en la basura doméstica, conviene evaluar si pueden reutilizarse o llevarse a un punto de recepción de residuos electrónicos. 1. Revise si todavía pueden utilizarse Si el teléfono funciona correctamente, puede considerar conservarlo como equipo de respaldo, entregarlo a alguien que lo necesite o consultar si existe un programa de reutilización. Si está dañado, no intente desmontarlo por su cuenta. Los dispositivos con baterías deterioradas, hinchadas o perforadas requieren especial precaución. 2. Proteja sus datos personales Antes de entregar un celular que todavía funciona: Guarde las fotografías, los contactos y los archivos que quiera conservar. Cierre las sesiones de sus cuentas y desvincule el dispositivo cuando corresponda. Retire la tarjeta SIM y la tarjeta de memoria, si tiene. Restablezca el teléfono a su configuración de fábrica siguiendo las instrucciones del fabricante. Si el equipo no enciende, evalúe cómo proteger la información almacenada antes de entregarlo. 3. ¿Dónde reciclar celulares y cargadores en Chile? Una alternativa es buscar un punto limpio o punto verde que reciba aparatos eléctricos y electrónicos. No todos los puntos de reciclaje aceptan los mismos materiales, por lo que es recomendable confirmar previamente qué dispositivos reciben, sus horarios y las condiciones de entrega. Puede consultar el Geoportal de Puntos Limpios del Ministerio del Medio Ambiente y buscar por comuna o dirección. También puede preguntar en su municipalidad si existen campañas de recolección de residuos electrónicos o consultar a comercios y programas especializados que reciban estos aparatos. 4. ¿Por qué es importante reciclarlos? Los residuos electrónicos pueden contener metales, plásticos y componentes que se recuperan mediante procesos especializados. Una gestión adecuada permite aprovechar materiales y reducir la cantidad de residuos que termina en lugares inadecuados. En Chile, los aparatos eléctricos y electrónicos están contemplados en la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP). El Decreto Supremo N.º 22 de 2025 establece metas y obligaciones para su recolección y valorización, cuyas metas obligatorias comienzan a regir el 7 de mayo de 2028. Puede conocer más en el Ministerio del Medio Ambiente. Una invitación a los auditores Revise los cajones de su casa y reúna los celulares, cables y cargadores que ya no utiliza. Antes de trasladarlos, confirme que el lugar elegido los reciba.
Nuestra huella sobre el planeta no se explica por una sola actividad. Está presente en el territorio que ocupamos, los recursos que extraemos, los alimentos que producimos y todo aquello que consumimos y desechamos. Cada una de estas etapas tiene consecuencias sobre los ecosistemas y los recursos naturales. Estas cifras ayudan a dimensionar cómo nuestra forma de vivir ha transformado el planeta. OCUPAMOS Transformamos el territorio Bosques, pastizales y otros hábitats naturales se han convertido en tierras para cultivar, criar animales, construir ciudades e instalar infraestructura. Hoy, una parte enorme de la superficie habitable está destinada a nuestras actividades. • 44% de la tierra habitable se utiliza para agricultura: unos 48 millones de km². • 80% de la tierra agrícola está relacionada con la ganadería, entre pastizales y cultivos para alimentar al ganado. • Hace unos 1.000 años, la agricultura ocupaba menos del 4% de la tierra habitable; hoy ocupa casi la mitad. EXTRAEMOS Cada vez sacamos más recursos del planeta Construir, producir, movernos y consumir requiere una extracción creciente de materiales. Su procesamiento también genera presiones sobre el clima, la biodiversidad y los ecosistemas. • 106,6 mil millones de toneladas de materiales se extrajeron en 2024, frente a 30 mil millones en 1970: más del triple en cinco décadas. • La demanda mundial de materiales pasó de 8,4 a 13,2 toneladas por persona al año entre 1970 y 2024. • Los materiales no metálicos —como arena, grava y arcilla— representan casi la mitad de la extracción mundial. PRODUCIMOS Alimentar al mundo también transforma el planeta Producir los alimentos que consumimos requiere enormes cantidades de tierra y agua y genera una parte importante de las emisiones de gases de efecto invernadero. La agricultura también es uno de los principales factores de transformación de los ecosistemas. • 50% de la tierra habitable del planeta se utiliza para agricultura. • 70% de las extracciones mundiales de agua dulce se destinan a la agricultura. • 26% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están vinculadas al sistema alimentario. CONSUMIMOS Cada producto tiene una huella detrás Lo que llega a nuestras manos es solo el último paso de una cadena que incluye extracción de materias primas, transformación, transporte, energía y agua. Además, nuestro consumo puede generar impactos en otros lugares del planeta. • Construcción y movilidad son los principales impulsores de la demanda mundial de materiales, seguidos por alimentos y energía. • Estos cuatro sectores representan alrededor del 90% de la demanda mundial de materiales. DESECHAMOS Lo que consumimos también se convierte en residuos La cadena de consumo no termina cuando un producto deja de ser útil o un alimento llega a la basura. Cada año generamos enormes cantidades de residuos, muchos de los cuales contienen materiales que podrían volver al ciclo productivo. • Más de mil millones de toneladas de alimentos fueron desperdiciadas en 2022, casi una quinta parte de los alimentos disponibles para los consumidores. • 62 millones de toneladas de residuos electrónicos se generaron en 2022; apenas 22,3% fue documentado como recolectado y reciclado formalmente. • Unos 353 millones de toneladas de residuos plásticos se generan al año; una parte importante termina en vertederos o se gestiona de forma inadecuada. TRANSFORMAMOS Nuestra huella también cambia los ecosistemas La ocupación del territorio, la extracción de recursos, la producción y el consumo alteran los sistemas naturales. El resultado se refleja en la biodiversidad, la distribución de la vida, el agua, los suelos y el clima. • 94% de la biomasa de mamíferos no humanos corresponde al ganado. • Tres cuartas partes de la superficie terrestre y cerca de dos terceras partes de los océanos han sido significativamente alteradas por actividades humanas. • Alrededor de 1 millón de especies están amenazadas de extinción, según la evaluación global de IPBES. ¿PODEMOS REDUCIR LA HUELLA? Sí. Algunas tendencias muestran que el impacto humano no tiene por qué crecer al mismo ritmo que la población y la producción. Mejorar la eficiencia, reducir el desperdicio y utilizar los recursos de forma más responsable puede cambiar esa trayectoria. Fuente: Publimetro
Lejos de las tradicionales, y negativas, impresiones que las personas tienen de los hongos y las bacterias, la ciencia se ha encargado de demostrar, primero, que sus aspectos positivos son cada vez más sobresalientes; y ahora que pueden trabajar en equipo. Una investigación liderada por el académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UC, Luis Larrondo, busca que ese trabajo en conjunto entre hongos y bacterias, dé como resultado materiales para su uso en construcción, embalaje y aislación térmica y que además sean amigables con el medio ambiente. Organismos vivos La idea es utilizar estos organismos para producir biomateriales estructurales que además sean superiores en cuanto a funcionalidad, escalabilidad y robustez. En el proyecto participa el profesor Fernán Federici y también integra a investigadores de otras disciplinas e instituciones: Francisco Chateau, de la Facultad de Diseño UC; Alejandra Goity del iBio; y el arquitecto David Benjamin de la Universidad de Columbia, Estados Unidos. Economía Circular La alta biodegradabilidad de estos materiales permite insertarlos en esquemas de economía circular y, en consecuencia, reducir su huella de carbono lo que permite ofrecer alternativas para sustituir productos como polímeros derivados del petróleo. «Frente a la crisis climática y la urgencia de reemplazar materiales fósiles o no biodegradables, los biomateriales estructurales basados en organismos vivos emergen como una alternativa prometedora. Este desafío se acentúa con nuevas normativas que restringen plásticos de un solo uso en Europa y Estados Unidos, afectando mercados estratégicos para Chile como país exportador» explica el profesor Larrondo. Cholguán y plumavit Tal como explica el académico, uno de los científicos que más ha estudiado a estos microrganismos en el mundo, «al alimentar al hongo con hidratos de carbono presentes en desechos vegetales, este forma una red compacta que invade y rodea el material. Como consecuencia de aquello, tienes algo que al tacto se siente una mezcla entre un cholguán y un plumavit de alta densidad». «Si te imaginas el cholguán, son pedacitos de madera pegados unos con otros. Aquí lo que estamos utilizando para pegar trocitos de madera entre ellos es el micelio del hongo; es esa red que el hongo va formando al crecer», detalló. Segunda generación de biomateriales En línea con la biofabricación avanzada, el proyecto propone explorar biomateriales híbridos de segunda generación, basados en la interacción entre hongos filamentosos y bacterias biomineralizantes. Además, se incorporarán esfuerzos de bioprospección para aislar microorganismos nativos con capacidades destacadas en formación de micelio y biomineralización, priorizando cepas de ecosistemas naturales australes. “La alta biodegradabilidad de estos materiales permitirá insertarlos en la economía circular y contribuir a la reducción de huella de carbono, ofreciendo alternativas reales para sustituir polímeros derivados del petróleo”, concluyó Larrondo. La investigación es financiada por el fondo de investigación de frontera de la Universidad Católica, Avanza UC. Fuente: cooperativaciencia.cl
En muchos hogares hay celulares antiguos, cargadores incompatibles, cables enredados y otros dispositivos que ya no se utilizan. Aunque parezcan objetos sin valor, estos aparatos contienen materiales que pueden recuperarse y componentes que necesitan un manejo especial. Por eso, antes de dejarlos en la basura doméstica, conviene evaluar si pueden reutilizarse o llevarse a un punto de recepción de residuos electrónicos. 1. Revise si todavía pueden utilizarse Si el teléfono funciona correctamente, puede considerar conservarlo como equipo de respaldo, entregarlo a alguien que lo necesite o consultar si existe un programa de reutilización. Si está dañado, no intente desmontarlo por su cuenta. Los dispositivos con baterías deterioradas, hinchadas o perforadas requieren especial precaución. 2. Proteja sus datos personales Antes de entregar un celular que todavía funciona: Guarde las fotografías, los contactos y los archivos que quiera conservar. Cierre las sesiones de sus cuentas y desvincule el dispositivo cuando corresponda. Retire la tarjeta SIM y la tarjeta de memoria, si tiene. Restablezca el teléfono a su configuración de fábrica siguiendo las instrucciones del fabricante. Si el equipo no enciende, evalúe cómo proteger la información almacenada antes de entregarlo. 3. ¿Dónde reciclar celulares y cargadores en Chile? Una alternativa es buscar un punto limpio o punto verde que reciba aparatos eléctricos y electrónicos. No todos los puntos de reciclaje aceptan los mismos materiales, por lo que es recomendable confirmar previamente qué dispositivos reciben, sus horarios y las condiciones de entrega. Puede consultar el Geoportal de Puntos Limpios del Ministerio del Medio Ambiente y buscar por comuna o dirección. También puede preguntar en su municipalidad si existen campañas de recolección de residuos electrónicos o consultar a comercios y programas especializados que reciban estos aparatos. 4. ¿Por qué es importante reciclarlos? Los residuos electrónicos pueden contener metales, plásticos y componentes que se recuperan mediante procesos especializados. Una gestión adecuada permite aprovechar materiales y reducir la cantidad de residuos que termina en lugares inadecuados. En Chile, los aparatos eléctricos y electrónicos están contemplados en la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP). El Decreto Supremo N.º 22 de 2025 establece metas y obligaciones para su recolección y valorización, cuyas metas obligatorias comienzan a regir el 7 de mayo de 2028. Puede conocer más en el Ministerio del Medio Ambiente. Una invitación a los auditores Revise los cajones de su casa y reúna los celulares, cables y cargadores que ya no utiliza. Antes de trasladarlos, confirme que el lugar elegido los reciba.
Nuestra huella sobre el planeta no se explica por una sola actividad. Está presente en el territorio que ocupamos, los recursos que extraemos, los alimentos que producimos y todo aquello que consumimos y desechamos. Cada una de estas etapas tiene consecuencias sobre los ecosistemas y los recursos naturales. Estas cifras ayudan a dimensionar cómo nuestra forma de vivir ha transformado el planeta. OCUPAMOS Transformamos el territorio Bosques, pastizales y otros hábitats naturales se han convertido en tierras para cultivar, criar animales, construir ciudades e instalar infraestructura. Hoy, una parte enorme de la superficie habitable está destinada a nuestras actividades. • 44% de la tierra habitable se utiliza para agricultura: unos 48 millones de km². • 80% de la tierra agrícola está relacionada con la ganadería, entre pastizales y cultivos para alimentar al ganado. • Hace unos 1.000 años, la agricultura ocupaba menos del 4% de la tierra habitable; hoy ocupa casi la mitad. EXTRAEMOS Cada vez sacamos más recursos del planeta Construir, producir, movernos y consumir requiere una extracción creciente de materiales. Su procesamiento también genera presiones sobre el clima, la biodiversidad y los ecosistemas. • 106,6 mil millones de toneladas de materiales se extrajeron en 2024, frente a 30 mil millones en 1970: más del triple en cinco décadas. • La demanda mundial de materiales pasó de 8,4 a 13,2 toneladas por persona al año entre 1970 y 2024. • Los materiales no metálicos —como arena, grava y arcilla— representan casi la mitad de la extracción mundial. PRODUCIMOS Alimentar al mundo también transforma el planeta Producir los alimentos que consumimos requiere enormes cantidades de tierra y agua y genera una parte importante de las emisiones de gases de efecto invernadero. La agricultura también es uno de los principales factores de transformación de los ecosistemas. • 50% de la tierra habitable del planeta se utiliza para agricultura. • 70% de las extracciones mundiales de agua dulce se destinan a la agricultura. • 26% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están vinculadas al sistema alimentario. CONSUMIMOS Cada producto tiene una huella detrás Lo que llega a nuestras manos es solo el último paso de una cadena que incluye extracción de materias primas, transformación, transporte, energía y agua. Además, nuestro consumo puede generar impactos en otros lugares del planeta. • Construcción y movilidad son los principales impulsores de la demanda mundial de materiales, seguidos por alimentos y energía. • Estos cuatro sectores representan alrededor del 90% de la demanda mundial de materiales. DESECHAMOS Lo que consumimos también se convierte en residuos La cadena de consumo no termina cuando un producto deja de ser útil o un alimento llega a la basura. Cada año generamos enormes cantidades de residuos, muchos de los cuales contienen materiales que podrían volver al ciclo productivo. • Más de mil millones de toneladas de alimentos fueron desperdiciadas en 2022, casi una quinta parte de los alimentos disponibles para los consumidores. • 62 millones de toneladas de residuos electrónicos se generaron en 2022; apenas 22,3% fue documentado como recolectado y reciclado formalmente. • Unos 353 millones de toneladas de residuos plásticos se generan al año; una parte importante termina en vertederos o se gestiona de forma inadecuada. TRANSFORMAMOS Nuestra huella también cambia los ecosistemas La ocupación del territorio, la extracción de recursos, la producción y el consumo alteran los sistemas naturales. El resultado se refleja en la biodiversidad, la distribución de la vida, el agua, los suelos y el clima. • 94% de la biomasa de mamíferos no humanos corresponde al ganado. • Tres cuartas partes de la superficie terrestre y cerca de dos terceras partes de los océanos han sido significativamente alteradas por actividades humanas. • Alrededor de 1 millón de especies están amenazadas de extinción, según la evaluación global de IPBES. ¿PODEMOS REDUCIR LA HUELLA? Sí. Algunas tendencias muestran que el impacto humano no tiene por qué crecer al mismo ritmo que la población y la producción. Mejorar la eficiencia, reducir el desperdicio y utilizar los recursos de forma más responsable puede cambiar esa trayectoria. Fuente: Publimetro
Lejos de las tradicionales, y negativas, impresiones que las personas tienen de los hongos y las bacterias, la ciencia se ha encargado de demostrar, primero, que sus aspectos positivos son cada vez más sobresalientes; y ahora que pueden trabajar en equipo. Una investigación liderada por el académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UC, Luis Larrondo, busca que ese trabajo en conjunto entre hongos y bacterias, dé como resultado materiales para su uso en construcción, embalaje y aislación térmica y que además sean amigables con el medio ambiente. Organismos vivos La idea es utilizar estos organismos para producir biomateriales estructurales que además sean superiores en cuanto a funcionalidad, escalabilidad y robustez. En el proyecto participa el profesor Fernán Federici y también integra a investigadores de otras disciplinas e instituciones: Francisco Chateau, de la Facultad de Diseño UC; Alejandra Goity del iBio; y el arquitecto David Benjamin de la Universidad de Columbia, Estados Unidos. Economía Circular La alta biodegradabilidad de estos materiales permite insertarlos en esquemas de economía circular y, en consecuencia, reducir su huella de carbono lo que permite ofrecer alternativas para sustituir productos como polímeros derivados del petróleo. «Frente a la crisis climática y la urgencia de reemplazar materiales fósiles o no biodegradables, los biomateriales estructurales basados en organismos vivos emergen como una alternativa prometedora. Este desafío se acentúa con nuevas normativas que restringen plásticos de un solo uso en Europa y Estados Unidos, afectando mercados estratégicos para Chile como país exportador» explica el profesor Larrondo. Cholguán y plumavit Tal como explica el académico, uno de los científicos que más ha estudiado a estos microrganismos en el mundo, «al alimentar al hongo con hidratos de carbono presentes en desechos vegetales, este forma una red compacta que invade y rodea el material. Como consecuencia de aquello, tienes algo que al tacto se siente una mezcla entre un cholguán y un plumavit de alta densidad». «Si te imaginas el cholguán, son pedacitos de madera pegados unos con otros. Aquí lo que estamos utilizando para pegar trocitos de madera entre ellos es el micelio del hongo; es esa red que el hongo va formando al crecer», detalló. Segunda generación de biomateriales En línea con la biofabricación avanzada, el proyecto propone explorar biomateriales híbridos de segunda generación, basados en la interacción entre hongos filamentosos y bacterias biomineralizantes. Además, se incorporarán esfuerzos de bioprospección para aislar microorganismos nativos con capacidades destacadas en formación de micelio y biomineralización, priorizando cepas de ecosistemas naturales australes. “La alta biodegradabilidad de estos materiales permitirá insertarlos en la economía circular y contribuir a la reducción de huella de carbono, ofreciendo alternativas reales para sustituir polímeros derivados del petróleo”, concluyó Larrondo. La investigación es financiada por el fondo de investigación de frontera de la Universidad Católica, Avanza UC. Fuente: cooperativaciencia.cl