Pocas canciones han logrado representar con tanta sencillez el dolor de la separación como «Right Here Waiting», el mayor éxito de Richard Marx. Publicada el 21 de junio de 1989 como segundo sencillo del álbum «Repeat Offender», la composición trascendió la categoría de simple éxito radial para convertirse en una de las baladas románticas más influyentes de finales del siglo XX. Más de tres décadas después continúa sonando en emisoras, películas, concursos de talentos y redes sociales, confirmando que las grandes canciones sobreviven a las modas. La historia detrás de la canción es tan romántica como su letra. A fines de los años ochenta, Richard Marx atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera, mientras su esposa, la actriz Cynthia Rhodes, permanecía durante semanas filmando la película «Curse of the Crystal Eye» en Sudáfrica. La distancia comenzó a pesar más de lo esperado. En medio de esa separación, Marx tomó el piano y escribió una canción que jamás imaginó tendría semejante repercusión. Más tarde reconocería que no intentaba crear un sencillo comercial, sino expresar una emoción profundamente personal: la incertidumbre de amar a alguien que se encuentra al otro lado del mundo. Aquella confesión íntima terminó convirtiéndose en un fenómeno global. Existe una curiosidad poco conocida: «Right Here Waiting» estuvo cerca de no ser interpretada por su propio autor. En una entrevista recordada años después, Richard Marx reveló que escribió la canción pensando en Barbra Streisand. Incluso le envió un casete con la grabación. La cantante respondió personalmente mediante un mensaje de voz, el cual Marx conserva hasta hoy. Según recordó el músico, Streisand le dijo: Richard, escuché la canción; es hermosa, pero tendrás que reescribir la letra porque yo no voy a estar esperando aquí por nadie. Aquella negativa terminó siendo providencial. Marx decidió grabarla él mismo y el resto pertenece a la historia del pop. Cuando apareció en el verano de 1989, la respuesta fue inmediata. La canción alcanzó el número uno del Billboard Hot 100 en Estados Unidos, permaneciendo tres semanas en la cima. También lideró los rankings de Canadá, Australia, Irlanda y Nueva Zelanda, mientras llegó al puesto número 2 del Reino Unido, donde solo fue superada por un estrecho margen. Entre sus principales logros destacan: El éxito consolidó además un récord extraordinario de Richard Marx : se convirtió en el primer artista masculino cuyos primeros siete sencillos ingresaron al Top 5 del Billboard, una marca que pocos han igualado. Aunque la canción no ganó un Grammy, sí obtuvo una nominación en 1990 como Mejor Interpretación Vocal Pop Masculina, reflejando el enorme impacto artístico del sencillo durante ese año. Además, ASCAP distinguió posteriormente aRight Here Waiting como una de las canciones más interpretadas del repertorio estadounidense, un reconocimiento reservado para obras cuya difusión permanece constante durante años. Muchos baladas alcanzan el éxito gracias a una melodía memorable. Otras sobreviven por la fuerza de su interpretación. Right Here Waiting consiguió ambas cosas y añadió un tercer elemento: autenticidad. No nació en una sala de reuniones de una discográfica ni respondió a una estrategia comercial. Surgió como una carta de amor escrita por un hombre que simplemente extrañaba a su esposa. Muchas décadas después, las comunidades de aficionados siguen describiéndola como una de las mejores baladas románticas de todos los tiempos. En foros y redes sociales abundan comentarios que la califican como la última gran canción romántica de los años ochenta, mientras otros destacan que sigue despertando recuerdos intensos asociados a relaciones, bailes escolares y momentos familiares. Síguenos en Instagram Fuente: ClubRetroHits.cl
En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el concurso Antofagasta en 100 Palabras, presentado por Escondida | BHP y Fundación Plagio, seleccionó 9 cuentos breves que reflejan, desde diversas perspectivas, las vivencias, luchas y memorias de las mujeres en el norte de Chile. Esta antología reúne relatos que capturan la fortaleza, el amor, el miedo vencido y la resistencia femenina en distintos rincones de la región. Los textos, escritos por participantes de Antofagasta y Taltal, abordan una amplia gama de experiencias. Desde la memoria histórica de una obrera salitrera y el legado familiar en Eterno retorno del desierto, hasta la conmovedora decisión de una madre en Amor de madre que viaja al alba para no despertar a su hija. La selección también da voz a la valentía de una trabajadora sexual en Valiente, que le ha perdido el miedo a la oscuridad, y a la inocencia robada de una niña de catorce años que trabaja en una oficina salitrera y sueña con jugar, entre otros. De este modo, el concurso se consolida como un espacio para visibilizar las múltiples realidades femeninas, reconociendo a las mujeres anónimas que construyen día a día el territorio. El concurso de cuentos breves abrirá su convocatoria 2026 invitando a la comunidad de la región de Antofagasta a seguir compartiendo sus propias historias con creatividad. Los cuentos se pueden encontrar en el Instagram y Facebook de@antofagastaen100palabras UN 8M EN 100 PALABRAS 8M Uno de los mejores recuerdos que tengo de las calles de Antofagasta fue el día 8 de marzo del 2019. Por primera vez se movilizaban por una causa miles de mujeres en las calles. En Sucre, impacientes; en Maipú, eufóricas; en Matta, gloriosas; por Prat, más fuertes que nunca. Y al llegar a la Plaza Colón, indomables. Florencia Olate Castellón, 15 años, Antofagasta. La brigada comunitaria Ninoska va camino a casa después de terminar su jornada laboral, la oscuridad de la noche le provoca cierto temor. A unos metros, el cabo Otto y sus soldados Canelo y Luna parecen sentir el temor de la mujer, por lo que deciden ir a indagar en lo que sucede. Al llegar a su lado, Ninoska sonríe aliviada y es escoltada hasta su casa. Ahí la mujer, en forma de agradecimiento, les provee de alimentos y por último acaricia los tres lomos de los canes protectores de las calles de Antofagasta. Luisa Barriga Plaza, 25 años, Antofagasta. Nana del desierto Mencion Honrosa La liebre la deja justo en el desvío. El camino parece una línea capilar. En vez de pelo, hay arena, montículos de arena. Al fondo se ven las casas. Ninguna de las casas es pequeña en los Jardines del Sur. La mujer avanza rápido por el costado del camino. Un auto pasa. Luego otro. La mujer se persigna cuando cruza por la animita de la nana. A las ocho en punto cierra la puerta de la casa. Ya pasaron dos horas desde que salió de su casa en La Chimba Alto. Carolina López Godoy, 40 años, Antofagasta. Amor de madre Sin despegar la mano de su maleta, con sus ojos llenos de lágrimas y sintiendo el frío de la madrugada, había conquistado un rinconcito donde podía ver la entrada de los buses. El terminal de Antofagasta está atestado de gente, en su mayoría faeneros dirigiéndose a su trabajo, mujeres y hombres con el rostro desganado. Y ella con su corazón apretado, recordando que salió en puntillas de casa para no despertar a su pequeña princesa. Carmen Yucra Velarde, 46 años, Antofagasta Eterno retorno del desierto Mi abuelo paterno nació el mismo día que yo. Cuando murió, yo apenas había nacido, y se vino a despedir. Mi abuelo, un obrero de las salitreras, un hombre de la pampa. Yo, contrariada mujer, por intuición, me dispuse otros caminos. No quise romper con chuzo la tierra, soy la veta y roca etérea, ánima de la carretera. He caminado los mismos sitios que mi abuelo en otros tiempos, entre otras calles y otros rostros. Aun así, estamos hechos de la misma historia: viento, sol y abrigo. Árido frío y noches que se estrellan solitarias descifrándonos en el ser: desierto. Nela Carvajal, 25 años, Taltal. La niña del cerro Se levanta muy temprano la niña del cerro, monta su burro a gran velocidad en dirección a Taltal. Mientras se aleja del pequeño hilo de agua, se acerca a la modernidad. Es un viaje en el tiempo, bajo el implacable sol, al centro de la ciudad para vender la preciada leche de burra y así conseguir plata para alimentar a su hija con la leche de tarro fortificada que venden en el supermercado. Florencia Villagra Chepillo, 23 años, Taltal Valiente La luna llena alumbraba como poderoso farol el manto sombrío que cubría a la ciudad. Yo estaba en Latorre esquina Riquelme a eso de 23.30, cuando vislumbré a unos chiquillos que caminaban con prisa, y al pasar junto a mí oí que el mayor susurraba al otro: «Mejor nos apuramos. ¿Viste que a esta hora se pone peligroso por acá?». Ajusté mi ceñida minifalda, me equilibré sobre mis tacones y caminé buscando al primer cliente de esa noche. Yo ya le había perdido el miedo a la oscuridad. Camila Muñoz Castillo, 30 años, Antofagasta Catorce años La contrataron de mucama en el rancho de empleados de una oficina salitrera. Su trabajo empezaba antes de las 8 de la mañana y terminaba después de las 9 de la noche. De regreso al lugar donde vivía pasaba por una cancha de básquetbol con piso de ripio. Habían niñas jugando, pero para entrar se debían usar zapatillas; y como ella solo quería recordar su niñez, aunque fuera unos pocos minutos, decidió jugar descalza y olvidar el dolor de pies. Rosa Cortés Cortés, 81 años, Antofagasta.
Pocas canciones han logrado representar con tanta sencillez el dolor de la separación como «Right Here Waiting», el mayor éxito de Richard Marx. Publicada el 21 de junio de 1989 como segundo sencillo del álbum «Repeat Offender», la composición trascendió la categoría de simple éxito radial para convertirse en una de las baladas románticas más influyentes de finales del siglo XX. Más de tres décadas después continúa sonando en emisoras, películas, concursos de talentos y redes sociales, confirmando que las grandes canciones sobreviven a las modas. La historia detrás de la canción es tan romántica como su letra. A fines de los años ochenta, Richard Marx atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera, mientras su esposa, la actriz Cynthia Rhodes, permanecía durante semanas filmando la película «Curse of the Crystal Eye» en Sudáfrica. La distancia comenzó a pesar más de lo esperado. En medio de esa separación, Marx tomó el piano y escribió una canción que jamás imaginó tendría semejante repercusión. Más tarde reconocería que no intentaba crear un sencillo comercial, sino expresar una emoción profundamente personal: la incertidumbre de amar a alguien que se encuentra al otro lado del mundo. Aquella confesión íntima terminó convirtiéndose en un fenómeno global. Existe una curiosidad poco conocida: «Right Here Waiting» estuvo cerca de no ser interpretada por su propio autor. En una entrevista recordada años después, Richard Marx reveló que escribió la canción pensando en Barbra Streisand. Incluso le envió un casete con la grabación. La cantante respondió personalmente mediante un mensaje de voz, el cual Marx conserva hasta hoy. Según recordó el músico, Streisand le dijo: Richard, escuché la canción; es hermosa, pero tendrás que reescribir la letra porque yo no voy a estar esperando aquí por nadie. Aquella negativa terminó siendo providencial. Marx decidió grabarla él mismo y el resto pertenece a la historia del pop. Cuando apareció en el verano de 1989, la respuesta fue inmediata. La canción alcanzó el número uno del Billboard Hot 100 en Estados Unidos, permaneciendo tres semanas en la cima. También lideró los rankings de Canadá, Australia, Irlanda y Nueva Zelanda, mientras llegó al puesto número 2 del Reino Unido, donde solo fue superada por un estrecho margen. Entre sus principales logros destacan: El éxito consolidó además un récord extraordinario de Richard Marx : se convirtió en el primer artista masculino cuyos primeros siete sencillos ingresaron al Top 5 del Billboard, una marca que pocos han igualado. Aunque la canción no ganó un Grammy, sí obtuvo una nominación en 1990 como Mejor Interpretación Vocal Pop Masculina, reflejando el enorme impacto artístico del sencillo durante ese año. Además, ASCAP distinguió posteriormente aRight Here Waiting como una de las canciones más interpretadas del repertorio estadounidense, un reconocimiento reservado para obras cuya difusión permanece constante durante años. Muchos baladas alcanzan el éxito gracias a una melodía memorable. Otras sobreviven por la fuerza de su interpretación. Right Here Waiting consiguió ambas cosas y añadió un tercer elemento: autenticidad. No nació en una sala de reuniones de una discográfica ni respondió a una estrategia comercial. Surgió como una carta de amor escrita por un hombre que simplemente extrañaba a su esposa. Muchas décadas después, las comunidades de aficionados siguen describiéndola como una de las mejores baladas románticas de todos los tiempos. En foros y redes sociales abundan comentarios que la califican como la última gran canción romántica de los años ochenta, mientras otros destacan que sigue despertando recuerdos intensos asociados a relaciones, bailes escolares y momentos familiares. Síguenos en Instagram Fuente: ClubRetroHits.cl
En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el concurso Antofagasta en 100 Palabras, presentado por Escondida | BHP y Fundación Plagio, seleccionó 9 cuentos breves que reflejan, desde diversas perspectivas, las vivencias, luchas y memorias de las mujeres en el norte de Chile. Esta antología reúne relatos que capturan la fortaleza, el amor, el miedo vencido y la resistencia femenina en distintos rincones de la región. Los textos, escritos por participantes de Antofagasta y Taltal, abordan una amplia gama de experiencias. Desde la memoria histórica de una obrera salitrera y el legado familiar en Eterno retorno del desierto, hasta la conmovedora decisión de una madre en Amor de madre que viaja al alba para no despertar a su hija. La selección también da voz a la valentía de una trabajadora sexual en Valiente, que le ha perdido el miedo a la oscuridad, y a la inocencia robada de una niña de catorce años que trabaja en una oficina salitrera y sueña con jugar, entre otros. De este modo, el concurso se consolida como un espacio para visibilizar las múltiples realidades femeninas, reconociendo a las mujeres anónimas que construyen día a día el territorio. El concurso de cuentos breves abrirá su convocatoria 2026 invitando a la comunidad de la región de Antofagasta a seguir compartiendo sus propias historias con creatividad. Los cuentos se pueden encontrar en el Instagram y Facebook de@antofagastaen100palabras UN 8M EN 100 PALABRAS 8M Uno de los mejores recuerdos que tengo de las calles de Antofagasta fue el día 8 de marzo del 2019. Por primera vez se movilizaban por una causa miles de mujeres en las calles. En Sucre, impacientes; en Maipú, eufóricas; en Matta, gloriosas; por Prat, más fuertes que nunca. Y al llegar a la Plaza Colón, indomables. Florencia Olate Castellón, 15 años, Antofagasta. La brigada comunitaria Ninoska va camino a casa después de terminar su jornada laboral, la oscuridad de la noche le provoca cierto temor. A unos metros, el cabo Otto y sus soldados Canelo y Luna parecen sentir el temor de la mujer, por lo que deciden ir a indagar en lo que sucede. Al llegar a su lado, Ninoska sonríe aliviada y es escoltada hasta su casa. Ahí la mujer, en forma de agradecimiento, les provee de alimentos y por último acaricia los tres lomos de los canes protectores de las calles de Antofagasta. Luisa Barriga Plaza, 25 años, Antofagasta. Nana del desierto Mencion Honrosa La liebre la deja justo en el desvío. El camino parece una línea capilar. En vez de pelo, hay arena, montículos de arena. Al fondo se ven las casas. Ninguna de las casas es pequeña en los Jardines del Sur. La mujer avanza rápido por el costado del camino. Un auto pasa. Luego otro. La mujer se persigna cuando cruza por la animita de la nana. A las ocho en punto cierra la puerta de la casa. Ya pasaron dos horas desde que salió de su casa en La Chimba Alto. Carolina López Godoy, 40 años, Antofagasta. Amor de madre Sin despegar la mano de su maleta, con sus ojos llenos de lágrimas y sintiendo el frío de la madrugada, había conquistado un rinconcito donde podía ver la entrada de los buses. El terminal de Antofagasta está atestado de gente, en su mayoría faeneros dirigiéndose a su trabajo, mujeres y hombres con el rostro desganado. Y ella con su corazón apretado, recordando que salió en puntillas de casa para no despertar a su pequeña princesa. Carmen Yucra Velarde, 46 años, Antofagasta Eterno retorno del desierto Mi abuelo paterno nació el mismo día que yo. Cuando murió, yo apenas había nacido, y se vino a despedir. Mi abuelo, un obrero de las salitreras, un hombre de la pampa. Yo, contrariada mujer, por intuición, me dispuse otros caminos. No quise romper con chuzo la tierra, soy la veta y roca etérea, ánima de la carretera. He caminado los mismos sitios que mi abuelo en otros tiempos, entre otras calles y otros rostros. Aun así, estamos hechos de la misma historia: viento, sol y abrigo. Árido frío y noches que se estrellan solitarias descifrándonos en el ser: desierto. Nela Carvajal, 25 años, Taltal. La niña del cerro Se levanta muy temprano la niña del cerro, monta su burro a gran velocidad en dirección a Taltal. Mientras se aleja del pequeño hilo de agua, se acerca a la modernidad. Es un viaje en el tiempo, bajo el implacable sol, al centro de la ciudad para vender la preciada leche de burra y así conseguir plata para alimentar a su hija con la leche de tarro fortificada que venden en el supermercado. Florencia Villagra Chepillo, 23 años, Taltal Valiente La luna llena alumbraba como poderoso farol el manto sombrío que cubría a la ciudad. Yo estaba en Latorre esquina Riquelme a eso de 23.30, cuando vislumbré a unos chiquillos que caminaban con prisa, y al pasar junto a mí oí que el mayor susurraba al otro: «Mejor nos apuramos. ¿Viste que a esta hora se pone peligroso por acá?». Ajusté mi ceñida minifalda, me equilibré sobre mis tacones y caminé buscando al primer cliente de esa noche. Yo ya le había perdido el miedo a la oscuridad. Camila Muñoz Castillo, 30 años, Antofagasta Catorce años La contrataron de mucama en el rancho de empleados de una oficina salitrera. Su trabajo empezaba antes de las 8 de la mañana y terminaba después de las 9 de la noche. De regreso al lugar donde vivía pasaba por una cancha de básquetbol con piso de ripio. Habían niñas jugando, pero para entrar se debían usar zapatillas; y como ella solo quería recordar su niñez, aunque fuera unos pocos minutos, decidió jugar descalza y olvidar el dolor de pies. Rosa Cortés Cortés, 81 años, Antofagasta.