2 de mayo de 2022

Compartir fotos de tus hijos en redes sociales puede tener consecuencias en la huella digital del niño

Se corren muchos riesgos cuando las imágenes de un hijo circulan por la red, como el ciberacoso, grooming, suplantación de identidad, robo de datos y delitos relacionados con internet. Y la más básica: una pérdida de su intimidad.

Compartir fotos de los hijos e hijas no es un fenómeno reciente. Lo que sucede es que ahora se distribuyen muchas, muchísimas más fotos, fuera de los círculos restringidos y acotados, con un público ilimitado y sin ejercer ningún control sobre su rastro digital: Internet y las redes sociales ejercen de canal de difusión ilimitado. Entre esas redes sociales se incluye, por supuesto, WhatsApp.

La mayoría de las veces, detrás de esta práctica no hay más pretensión que compartir con la familia y los amigos buenos momentos: en vacaciones aumenta exponencialmente la tendencia. Otras, el motor es el orgullo de padre/madre hacia el vástago o simplemente el afán por mostrar situaciones divertidas, o por un amor paterno-filial irrefrenable. A veces no es más que un comentario publicado en Facebook sobre algo que ha dicho o hecho, en otras ocasiones se suceden una anécdota tras otra.

Por qué, para qué y para quién

Y así, poco a poco y de forma muchas veces involuntaria, los progenitores van (vamos) creando sin querer, sin darnos cuenta, la huella digital de los hijos desde la más tierna infancia, antes de que puedan decidir nada sobre ella, mucho antes siquiera de aprender cómo gestionarla, o de que se abran un correo electrónico. Una huella que aumenta a pasos de gigante, a medida que transcurre el tiempo, y que les acompañará hasta la adolescencia y la entrada en la edad adulta. De forma inconsciente, los padres pasan de ejercer de guardianes de la información personal de sus hijos, a narradores públicos de sus vidas.

Se abre por tanto una necesaria reflexión sobre por qué, para qué y para quién compartimos fotos y vídeos de nuestros hijos. Para educarles en un uso responsable de las redes sociales, primero hemos de educarnos a nosotros mismos.

Consideraciones éticas aparte, las cuestiones jurídicas han comenzado a adquirir relevancia. Aunque los casos se cuentan con los dedos de las manos, algunos jóvenes han empezado a tomar cartas en el asunto… y los tribunales, a intervenir por iniciativa propia.

En 2016 fue noticia una austriaca de 18 años que decidió denunciar a sus padres por publicar unas quinientas fotos de su infancia en Facebook, algunas de ellas en el orinal o cambiándole los pañales, y por negarse a eliminarlas cuando se lo pidió. En 2018, un Tribunal de Roma resolvió la petición de “tutela contra la madre” de un joven de 16 años harto de que su progenitora publicara fotos de él en redes sociales: estableció que si la madre continuaba con ese comportamiento, debería pagar 10.000 euros como sanción.

Y es que los padres y madres no son, no somos, dueños de la imagen de nuestros hijos e hijas.


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