22 de septiembre de 2022

Los sorprendentes motivos del por qué nos gusta tanto bailar

Nos gusta bailar y lo hacemos porque nos provoca agradables sensaciones de relax. Nos ayuda a producir más serotonina y liberar endorfinas asociadas con el bienestar y la felicidad

Por qué nos gusta tanto bailar… es una pregunta que puede tener una gran variedad de respuestas. Si hablamos de baile, podría sorprendernos la variedad de explicaciones comunes sobre por qué lo hacemos.

Lo bueno es que en el baile y la música hay de todo y para todos en el mundo, y eso lo hace genial, ¿o no es así? Es algo que muchos disfrutamos; aunque puede sorprender que otros no lo encuentren tan divertido.

Bailando desde la antigüedad o el nacimiento

Se piensa que la práctica del baile puede ser tan antigua como la misma humanidad, incluso más antigua que la civilización. Tal vez antes de los homosapiens, los neandertales ya bailaban.

Según el arqueólogo británico Steven J. Mithen, en su libro The Singing Neanderthals: The Origins of Music, Language, Mind, and Body, hace un millón y medio de años que estamos bailando sobre este planeta.

Otros estudios sugieren que posiblemente esta habilidad de bailar se puede haber transmitido desde nuestros ancestros pehistóricos, tal como el lenguaje. ¡Bailar está escrito en nuestro ADN!

Esto explicaría por qué en todas las culturas se practica y se ha hecho en cualquier época. Incluso, los bebés, al escuchar algún patrón rítmico tratan de mover acompasadamente su cuerpo.

Sin embargo, no todo el mundo lo hace en la actualidad. Hay personas que no saben, no lo disfrutan y simplemente no lo hacen. Pero no tiene nada de raro o de malo el hecho de que a algunos no les guste bailar.

Es normal. A otros no les gusta, por ejemplo, el baloncesto, los deportes, la música rock, los rompecabezas o los libros. Cada cabeza es un mundo, como dijo un poeta o un filósofo.

¿Por qué nos gusta bailar?

Hay muchas razones personales así como también existen explicaciones científicas acerca de por qué nos gusta bailar.

Bailamos por instinto 

Al menos eso es lo que se dice en un artículo, en el que se trata de determinar la neurociencia del baile. Nuestro instinto de bailar podría deberse a que posiblemente fue una de las primeras actividades sociales que el hombre desarrolló, cuando conformó grupos y tribus.

Bailamos por razones culturales

Los humanos de la prehistoria hacían algo más que cazar, recolectar, o mantener el fuego encendido. El baile siempre ha tenido un componente iniciático y un gran valor ritual. De hecho, en las celebraciones religiosas, siempre estuvo y ha estado presente, sea la cultura que sea.

Bailamos como ritual de apareamiento

Aunque es algo que hacemos sin pensar, cuando nos sentimos atraídos por alguien, nos encanta esa cercanía que nos permite el bailar entrelazados. Y aún cuando no sea uno de esos bailes, el sólo rozar su mano, mirarse o hacer algo juntos, puede lograrse mediante un pretexto como es el baile.

De hecho, en algunas culturas donde los jóvenes no pueden tener mucho contacto, el baile es una válvula de escape en este sentido. Así que tal vez no somos tan diferentes de esas aves, que bailan para cortejar a la hembra.

Bailamos para socializar

Si estamos en una fiesta y queremos conocer a una persona, tenemos dos opciones: nos acercamos a hablarle o la invitamos a bailar. Así, también, en fiestas y otros eventos nos reunimos alrededor de la música y el baile, como una oportunidad de estar con los otros y sentirnos aceptados, como parte del grupo.

Bailamos por placer

Tan sencillo como eso. Nos gusta bailar y lo hacemos porque provoca agradables sensaciones de relax. Y es que esta es una de esas actividades que nos ayudan a producir más serotonina y liberar endorfinas, esos neurotransmisores asociados con el bienestar y la felicidad.

Por esta misma razón, se han hecho investigaciones para determinar sus beneficios físicos y mentales, encontrándose que hay un efecto positivo de la danza recreativa en el control del estrés laboral.

Bailamos por evasión

Nos gusta sentirnos relajados, y con el baile olvidamos la rutina cotidiana de nuestros días, para dejarnos llevar por el sonido de la música, por los movimientos del baile y por el ambiente, alejados de todo y concentrados nada más en el ritmo.

Bailamos como ejercicio

También nos gusta bailar porque es un buen ejercicio. Muchos han descubierto los beneficios físicos de los bailes que ayudan a tonificar músculos de distintas partes del cuerpo, incluyendo muslos y glúteos.

Por esa misma razón nos encontramos con que no solo muchas rutinas de ejercicio se acompañan con música, sino que hay modalidades, como el zumba, en el que la actividad física consiste en bailar.

Bailamos para perder peso y combatir el sedentarismo

Continuando con el punto anterior, y aunque pueda parecer extraño, hay personas a las que les resulta difícil o tedioso hacer cualquier otro tipo de ejercicios, por lo que recurren al baile como una alternativa para perder peso y reducir el sedentarismo.

Bailamos para destacar

El que tiene gran habilidad para bailar sin duda se mostrará en ese momento, como una forma de hacerse atractivo a las miradas y obtener reconocimiento, así como el personaje de una inolvidable película: Fiebre del sábado por la noche.

Bailamos para estar seguros

En este mismo orden de ideas, el bailar ante los demás nos ayuda a perder la timidez para relacionarnos y nos hace sentir seguros de nosotros mismos, reforzando de manera positiva la autoestima.

Bailamos para conocernos

Por si fuera poco, el baile mejora la coordinación y la propiocepción en general, de modo que, al hacerlo, avanzamos en el autoconocimiento y mejoramos la relación con nuestro propio cuerpo y lo que podemos hacer con él.

No hace falta razón para bailar

Bailamos por tantas razones: por ejercitar, por tradición y porque forma parte de los rituales festivos de todas las culturas. Y aún después de todo lo dicho, no importa por qué bailamos.

Simplemente es una de esas cosas que hacemos porque sí, porque las disfrutamos y nos mantienen con ilusión, además de ser una manera de evasión.


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